El robledal.

Robledal

A pesar de que la Tierra de Pinares es una auténtica selva de pino albar, la vegetación de la zona incluye especies como el roble melojo. El sotobosque está formado por acebos, serbales, tejos y mostajos, principalmente.

Por la zona existen más bosques de roble albar. Sin embargo, el único de la variedad Quercus petrea de toda la Sierra de la Demanda se encuentra en Palacios. Es un bosque viejo, antiguo, con algunos ejemplares impresionantes.

Roble

Alguno de estos robles están catalogados como de más de 500 años. En realidad, esta Dehesa parece estar ligada a los monjes del cercano monasterio de Santo Domingo de Silos, quienes habrían sido sus dueños, dato sustentado en el hecho de que los ejemplares más antiguos parecen estar plantados en hileras, y en la existencia en el emplazamiento de una ermita de San Miguel, cuyas ruinas son visibles hoy día.

Robledal

La Fuente Cardosa se encuentra muy cerca de estas ruinas.

Dice la leyenda que en los lejanos tiempos de la Reconquista un mora había alumbrado un hijo en las inmediaciones de esta fuente, pero no consegúia que le bajara la leche. Al pasar una joven cristiana, le pidió ayuda, y esta, que por fortuna estaba criando a su propio hijo, amamantó al pequeño. La joven musulmana, en agradecimiento, le regaló a la cristiana unas cardas de oro, que dieron su nombre a la fuente.

Sean o no ciertas estas leyendas, lo cierto es que está documentado el uso de la madera de estos robles para la construcción de las barricas que criaban los mejores vinos de Jerez. 25 de los mejores árboles de esta dehesa sirvieron anualmente para tal fin, hasta hace tan solo unos 50 años.

Y es cierto también que darse un paseo por el robledal y contemplar la riqueza de sus colores es una experiencia del todo recomendable, sobre todo en el Otoño y en el Invierno.

Robledal

Robledal

Se accede a la Dehesa por la carretera que va de Palacios a San Leonardo de Yagüe. A unos dos km. hay un camino a la derecha que nos lleva al monte, accesible a vehículos.

El convento de Alveinte

Las ruinas del convento franciscano de Nuestra Señora de los Lirios de Alveinte se esconden, literalmente, en uno de los más aislados rincones del que quizás sea el pueblo más recóndito de la provincia: Monasterio de la Sierra.

Escalinata

Después del saqueo de las tropas Napoleónicas (se dice de él que sirvió de refugio a las tropas del cura Merino) y del golpe de gracia que supuso la desamortización de Mendizábal en 1835, lo que queda del convento, básicamente la cabecera de su iglesia y construcciones anejas, se ha ido integrando, o más bien ha ido siendo engullido por el bosque mixto que lo alberga.
Hoy, es difícil de encontrar incluso para aquellos que ya lo visitaron hace tiempo, pero merece la pena darse de bruces de repente, y en medio del bosque, con los románticos muros del que fuera uno de los conventos franciscanos más alejados de cualquier lugar habitado.

Escalinata

Y es que no estamos en un convento normal. Se trata de un convento disciplinario mandado erigir en 1440 por Fray Lope de Salinas, con la intención de alejar de las tentaciones mundanas a aquellos franciscanos que hubieran relajado sus costumbres. Aún resuena en la comarca el dicho

Fraile, ¿qué hiciste que a Alveinte viniste?

Y todavía se mantiene la devoción en los pueblos cercanos a la talla original del convento.

Para llegar, lo más conveniente es acercarse hasta Monasterio de la Sierra y una vez allí seguir el sendero señalizado que conduce al lugar.

Iglesia de Alveinte