El convento de Alveinte

Las ruinas del convento franciscano de Nuestra Señora de los Lirios de Alveinte se esconden, literalmente, en uno de los más aislados rincones del que quizás sea el pueblo más recóndito de la provincia: Monasterio de la Sierra.

Escalinata

Después del saqueo de las tropas Napoleónicas (se dice de él que sirvió de refugio a las tropas del cura Merino) y del golpe de gracia que supuso la desamortización de Mendizábal en 1835, lo que queda del convento, básicamente la cabecera de su iglesia y construcciones anejas, se ha ido integrando, o más bien ha ido siendo engullido por el bosque mixto que lo alberga.
Hoy, es difícil de encontrar incluso para aquellos que ya lo visitaron hace tiempo, pero merece la pena darse de bruces de repente, y en medio del bosque, con los románticos muros del que fuera uno de los conventos franciscanos más alejados de cualquier lugar habitado.

Escalinata

Y es que no estamos en un convento normal. Se trata de un convento disciplinario mandado erigir en 1440 por Fray Lope de Salinas, con la intención de alejar de las tentaciones mundanas a aquellos franciscanos que hubieran relajado sus costumbres. Aún resuena en la comarca el dicho

Fraile, ¿qué hiciste que a Alveinte viniste?

Y todavía se mantiene la devoción en los pueblos cercanos a la talla original del convento.

Para llegar, lo más conveniente es acercarse hasta Monasterio de la Sierra y una vez allí seguir el sendero señalizado que conduce al lugar.

Iglesia de Alveinte